La Arquitectura de la Casa de la Independencia

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La Cuadra, actual Salón Independencia. Año 2009

El diseño urbano consagrado desde el siglo XVI y conservada hasta el XIX correspondió a la edificación corrida en todo el frente a las calles principales. La unión de las casas y tapiales originó compactas y cerradas manzanas, forma característica de urbes coloniales como Santiago, La Serena, Los Andes, Talca y todos los pueblos mayores nacidos de la traza en cuadricula. La casa colonial era de porte aplastado, baja, de maciza volumetría, de escasas puertas y ventanas de madera, cubierta con un tejado de arcilla que se proyectaba sobre la calle formando un alero. El vidrio y el incremento de la importación de fierro a partir del siglo XVIII gracias a la apertura de la ruta del Cabo de Hornos para los comerciantes franceses, redundó en ventanas con cristales y rejas de fierro forjado que se ubicaron en la fachada externa, y en puertas y ventanas interiores.

El inmueble denominado Casa de la Independencia posee los materiales propios de las construcciones coloniales de la zona central de Chile: El adobe y la madera. El adobe es el elemento constructivo característico de las edificaciones que van entre mediados del siglo XVI y el primer tercio del siglo XX. Ellos poseían una armadura de madera, compuesta por soleras incrustadas a ambos lados del muro, unidas entre sí por travesaños dispuestos regularmente. En las esquinas, los travesaños se colocaban diagonalmente formando escuadras que corresponden al concepto de sistemas triangulados indeformables, todo ello para resistir los constantes movimientos telúricos.

El ladrillo, la madera y la piedra fueron utilizados en la portada de la casa, que encuadraba las pilastras y contrapilastras de variados perfiles, unidas por un arquitrabe de piedra sobre el que se apoyaba el escudo de armas, en este caso el de Chile, el cual era protegido de las inclemencias del tiempo por el alero saledizo. En una de las esquinas del inmueble se halla la columna de ángulo o pilar de esquina, construido en ladrillo, madera o piedra, que constituye un lugar resistente que viene a restituir el cruce de muros estructurales, y que además fue un objeto de ornamentación. En dicho lugar se hallaba un pequeño almacén.

El ingreso a la casa colonial se hace a través del gran portón de madera, sólido, con laboreados clavos, con una pequeña puerta que permite el acceso a las personas. Al traspasarse el portón se accede al zaguán, un amplio espacio que facilitaba el ingreso de carretas y birlochos hacia el primer patio. Este era el lugar de recepción y hasta donde llegaban los vehículos con los visitantes: era por lo tanto un lugar público. A un costado una serie de habitaciones servían como bodegas de la casa y eran el espacio ocupado por los dueños para dirigir las actividades domésticas y los negocios. Este patio, con un corredor en el frente opuesto de la fachada era utilizado como matadero, y a través de él se accedía a las bodegas, la caballeriza y el almacén de la casa.

Entre el primer y segundo patio se encuentra la cuadra o salón, una construcción de grandes proporciones, lugar de las tertulias y de las fiestas o saraos. Al fondo de la sala se hallaba una tarima o estrado, sobre la cual se sentaban las mujeres, a la turca, en cojines colocados sobre un alfombrado y en torno al brasero. Las sillas aparecieron durante la primera mitad del siglo XIX. En el estrado se realizaron también las representaciones musicales y teatrales. Originalmente el piso del salón estaba cubierto por pastelones de greda o ladrillos cubiertos con estera de totora, y sobre ellas se instalaron alfombras, según el nivel económico de la familia. Las dos ventanas de la cuadra están cubiertas por dos grandes rejas de fierro forjado con coronaciones de origen vizcaínos que corresponden a la segunda mitad del siglo XVIII.

El segundo patio, adornado por camelias, naranjos y otras especies, se utilizaba para hacer la vida familiar. Allí estaba el resto de las habitaciones y dormitorios, entre los que se encontraba el comedor, aunque también podía estar alrededor del primer patio. El comedor también era de grandes proporciones, aunque de menor dimensión que la cuadra, el cual contaba con una mesa bastante larga para acoger a toda la familia y sus invitados. En las paredes estaban los aparadores, trinches y esquineros en los ángulos, decorados con objetos de uso del comedor como la loza y los objetos de plata.

El tercer patio fue menos frecuente, hallándose el huerto y el patio de la servidumbre, el cual estaba techado con un arbusto llamado Tome.

Recursos adicionales

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Frontis del Museo, Año 2010
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Materias: Historia